

Aún de noche, el vehículo te recoge para ascender al cielo antes del alba. Mientras los quemadores iluminan el globo, la silueta de Göreme se va dibujando bajo tus pies. Flotas en silencio sobre un paisaje lunar, donde los colores de la piedra y del cielo se mezclan con los primeros rayos. Cientos de globos se elevan contigo, pero el tuyo parece ser el único. Al aterrizar, brindis con espumoso local y diploma conmemorativo. Regresas justo a tiempo para un desayuno con la mirada aún suspendida en el aire.
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